
SINOPSIS: Engloba dos obras de Darío Fo y Franca Rame, en las que la mujer y su problemática específica se enmarcan como protagonistas en una visión crítica de la realidad “Una mujer sola” y “El Despertar”.
Dirigida por Tomás Martín, es una “tragicomedia” en la que la comicidad y lo disparatado de las situaciones encubre la “tragedia” cotidiana de la mujer enfrentada a sí misma y a la dualidad de sus papeles como esposa-madre y trabajadora.
En resumen, dos mujeres en dos situaciones muy diferentes canalizan este alarde interpretativo de Selma Sorhegui en el escenario, que hemos querido presentar de forma continuada, a pesar de mantener la propia estructura dramática de cada una de las obras sin otro hilo conductor que las propias capacidades de la actriz y el tratamiento del espacio escénico.
REPARTO:
MUJERES: Selma Sorhegui
AUTORES: Darío Fo y Franca Rame
TRADUCCIÓN Y ADAPTACIÓN: Carla Matteini
DIRECCIÓN: Tomás Martín
VESTUARIO Y UTILERÍA: Talleres “La Quimera de Plástico”
ESPACIO ESCÉNICO: Selma Sorhegui y Tomás Martín
ILUMINACIÓN: Roberto Palmero
REPORTAJE FOTOGRÁFICO: Luís Laforga
DISEÑO DE CARTEL: Damián Galán
PÚBLICO: Adulto
CONDICIONES TECNICA DE LA OBRA:
“El montaje está conseguido, gracias a una dirección certera, a un ritmo vibrante que no decae en 70 minutos y a la fuerza de la interpretación. Luces y decoración resultan adecuadas; para el primer monólogo, se usan dos sábanas blancas colgadas de un lado a otro del escenario y objetos como el burro de planchar, que dan mucho juego escénico a la actriz. Una cama con sábanas revueltas y un muñeco que simula al marido bastan para el segundo monólogo. Selma Sorhegui está magnífica con un trabajo corporal, gestual y de voz cargado de matices. Muy natural en su improvisación ante el sonido de un móvil de un espectador, arrancó aplausos, que se repitieron con calor al final.”
JULIA AMEZÚA, “Mujeres Utilizadas”. ABC, 6-12-2008
Este monólogo (Una mujer sola) es más complicado que El despertar porque hay ritmos diversos y diferentes unidades de tiempo en el relato, pero está conseguido por Tomás Martín, como así la coreografía escénica. Estupenda creación la que hace Selma Sorhegui de esa mujer sola que habla desde la ventana con la vecina de enfrente. Es creíble y, a veces, nos pone los pelos de punta, otras nos hace reír con sus poses y gestos. Todo está bien matizado.
CARLOS TOQUERO, “La Quimera, 25 años en la brecha”. EL MUNDO, 1-12-2008.
“Selma Sorhegui consigue una sostenida organicidad y un uso de la pantomima realmente virtuoso en la relación madre-hijo. Un hallazgo la figura del marido yaciente, de quien únicamente logramos ver una mano (¡de goma!). La puesta en escena de La Quimera, precisa y llena de imaginación, sustenta con solvencia el ánimo crítico de dos textos que, a tres décadas de su estreno, no han perdido ni una pizca de actualidad en su acercamiento a la condición femenina de hoy”
ANTONIO O. RODRIGUEZ, “Mujeres: dos monólogos para reír y pensar”. El NUEVO HERALD, 24-12-2009